Dios nos escucha

Dios escucha el gemido del pobre, de las viudas víctimas de la guerra, de los injustos que devoran sus bienes. Es la insistencia de la oración, sin desanimarnos, lo que nos propone el evangelio de Lc. 18,1-8. Jesús, nos habla de la parábola de la viuda y del juez injusto.

La viuda representa a los pobres. Es una mujer despojada quien insiste al juez que le haga justicia, éste no teme a Dios ni respeta a las personas (v.4). En este ejemplo Jesús nos muestra que el primer interesado por la causa del pobre es Dios, para que asumamos con responsabilidad y constancia: Dios escucha el gemido del pobre, porque quiere su libertad y dignidad. Es la actitud del creyente, perseverante en la oración. Orar es entrar en contacto con nuestro Padre Dios, porque El conoce nuestras necesidades antes que se lo pidamos. Es abrir nuestro corazón en la profundidad del silencio para encontrarnos con Dios cara a cara, para hablarle como el hijo o hija que acude a su Padre bueno, misericordioso, que espera nuestro esfuerzo y quehacer cotidiano para dejarnos envolver por su amor y construir la justicia de Dios aquí y ahora. Si este juez que es injusto ha escuchado a esa pobre viuda, con mayor razón Dios nos escucha.

Toda la vida de Jesús fue una constante oración, porque buscó siempre hacer la voluntad de su Padre Dios (Jn 6,39). Por eso se retiraba a lugares solitarios a orar (Lc 5,16). Sólo en el silencio nos encontramos con nosotros mismos, con Dios y con los demás. Porque allí comprendemos la grandeza del amor a Dios y el amor al prójimo como a sí mismo. La fe madura cuando confrontamos nuestra vida con la Sagrada Escritura. Es la Palabra de Dios la que nos educa, nos corrige, nos capacita para  enseñar y encaminarnos hacia la justicia y hacer obras buenas  (2 Tim 3,16-17).

Jesús nos cuestiona frente a la realidad del hambre en el mundo. ¡Cuántas viudas, huérfanos, niños, mujeres, ancianos claman por un cambio de vida a los países que más tienen. El Papa Francisco, decía: “Preguntémonos: ¿Cuánto incide el mercado con sus reglas sobre el hambre en el mundo? De los estudios que ustedes realizan, resulta que desde 2008 el precio de los alimentos ha cambiado su tendencia: duplicado, después estabilizado, pero siempre con valores altos respecto al período precedente. Precios tan volátiles impiden a los más pobres hacer planes o contar con una nutrición mínima. Las causas son muchas. Nos preocupa justamente el cambio climático, pero no podemos olvidar la especulación financiera: un ejemplo son los precios del trigo, el arroz, el maíz, la soja, que oscilan en las bolsas, a veces vinculados a fondos de renta y, por tanto, cuanto mayor sea su precio más gana el fondo. También aquí, tratemos de seguir otro camino, convenciéndonos de que los productos de la tierra tienen un valor que podemos decir «sacro», ya que son el fruto del trabajo cotidiano de personas, familias, comunidades de agricultores. Un trabajo a menudo dominado por incertidumbres, preocupaciones por las condiciones climáticas, ansiedades por la posible destrucción de la cosecha” (Discurso a la 39 Conferencia de la FAO, 11.6.2015).

Jesús nos enseña, sin vida de oración y compromiso no hay fe. La fe se alimenta de la Palabra de vida, esperanza y libertad. Nos da un espíritu nuevo para hacer cosas nuevas, construir y plantar la semilla del reino en defensa de la tierra, el agua, los ríos, los bosques, en la lucha por el cambio climático, en el trabajo por mejorar la calidad de vida que no haya más niños(as) desnutridos. En la capacidad de no cometer pecados de omisión ni de indiferencia. En la disponibilidad de escuchar la voz del Espíritu que nos habla: ama con corazón agradecido, sin desanimarte.

 

Por
Fray Héctor Herrera O.P.
Radio San Martín
Perú

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