El Discípulo de Jesús

DOMINGO 13 T.0. A. D. 02.07.2017.  MT. 10, 37-42.

Mt 10,37-42 recoge la experiencia de la comunidad cristiana y nos plantea que Jesús exige más allá de los lazos de sangre, un seguimiento radical, incluso la cruz, porque Él entregó su vida en la cruz para que tengamos vida.

El discípulo fiel a su maestro entrega su vida por amor, como lo hacen muchos creyentes como San Ignacio de Antioquía: “El que pierda su vida por mí la ganará”. “Escribo a todas las iglesias y les aseguro que estoy dispuesto a morir gustosamente por Dios. Dejadme ser pasto de las fieras, gracias a las cuales voy a poder alcanzar a Dios. Soy trigo de Dios y los dientes de las fieras habrán de molerme a fin de que sea encontrado como puro pan de Cristo”.

Seguir a Jesús es dejar honores, fama, prestigio. Es acoger el amor a Dios para vivir una vida nueva, como nos recuerda Pablo (cf. Rom 6,3-4.8-11). Quien muere al mundo egoísta, indolente e indiferente, descubre el amor solidario en quienes más lo necesitan, se da cuenta del sediento, lucha junto con la comunidad contra la injusticia y la corrupción. Siempre está en búsqueda. Es tener un corazón de puertas abiertas para descubrir el amor a Dios y a los hermanos.

La apertura de los discípulos de Jesús nos permitirá “Tomar la cruz”, identificándonos con su proyecto. Como profeta se enfrentó a los poderes religiosos y políticos de su tiempo. Hoy sus seguidores dan su vida por Él. Los cristianos estamos llamados a buscar la unidad, como lo viene haciendo el Obispo de Roma Francisco, cuando se dirigía a Tawadros II, Patriarca de la Iglesia Copta-Ortodoxa: “Estamos llamados a testimoniar juntos a Jesús, a llevar al mundo nuestra fe”. Coptos y católicos podemos hablar el lenguaje común de la caridad. “Así, edificando la comunión con el testimonio vivido en lo concreto de la vida cotidiana, el Espíritu no dejará de abrir caminos providenciales e inimaginables de unidad”. “nuestro camino ecuménico crece de manera misteriosa y sin duda actual, gracias a un verdadero y propio ecumenismo de la sangre”. (Egipto 28.4.2017)

¡Cuántos cristianos calladamente entregan su vida por amor a los migrantes, en las selvas amazónicas, en el voluntariado en hospitales, reintegrando a las víctimas de la trata de personas. Cuántas mujeres laicas, religiosas, laicos, entregan su vida en los lugares marginales y excluyentes, se juegan la vida por los pobres, huérfanos, ancianos, enfermos terminales!. Su fe con obras, son testimonio del seguimiento a Jesús. Así como comunidades de creyentes incomprendidos siguen con alegría el evangelio portando educación, iluminando la vida de tantas personas sedientos de vivir una vida con dignidad. Son comunidades samaritanas que vendan las heridas de los pobres, como lo hacía Jesús.

Que ningún sufrimiento nos haga olvidar a Cristo, centro motor de nuestras vidas, para que con alegría sigamos transmitiendo la buena nueva, a un mundo necesitado de amor y de reconciliación. Que el amor de Jesús nos urja a ser seguidores fieles de la vida evangélica. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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