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Fútbol argentino: pasión, política y violencia

El pasado 25 de mayo tuvo lugar el último gran incidente en un partido de fútbol argentino. El encuentro de Gutiérrez Sport Club de Mendoza ante Defensores de Belgrano de Villa Ramallo fue suspendido antes de comenzar debido a que la afición local arrojó bombas de estruendo y proyectiles que impactaron en un par del jugadores del conjunto bonaerense. El zaguero Leonardo Mignaco fue retirado en ambulancia y llevado a un hospital de la zona. Ahora, la resolución del partido pasará al Tribunal de Disciplina del Consejo Federal de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), que seguramente reprogramará el encuentro para desarrollarse en el mismo escenario, a puertas cerradas, o fuera de Mendoza, y aplicará una sanción económica a Gutiérrez.

Lamentablemente este tipo de incidentes con las llamadas “Barras Bravas” son frecuentes en el fútbol argentino, pues se han cobrado ya 319 víctimas. La última de ellas fue  Omar Alcides Verón, de 44 años, que fue asesinado de un disparo de un rifle de aire comprimido por un pariente que lo atacó cuando salió a festejar a la calle el triunfo de Central. Parece una locura pensar en asesinatos por el mero hecho de animar a un equipo, pero en Argentina, desde 1922, es la tónica general. El fútbol tiene unas cifras de muertos similares a las de un conflicto armado.

Estos hinchas radicales siembran el terror en los estadios argentinos ante la desesperación de los padres que ya no quieren llevar  a sus hijos a ver los partidos. Por su parte, presidentes de clubs, Federación y Gobierno no ponen un remedio efectivo a la violencia en el fútbol. Todos ellos son conscientes de que el fenómeno de la violencia descontrolada está arrasando el fútbol argentino, pero utilizan a estos seguidores radicales con fines políticos y económicos. Tratan de aprovecharse del poder que otorga el fútbol en el país donde es casi una religión. En Argentina, fútbol y política se juegan en la misma cancha.

Damian Moukarzel, periodista de Radio Mitre Buenos Aires opina también que la política tiene la culpa de esta situación: “En Europa los radicales son organizaciones minúsculas, aquí tienen mucho peso en los clubs debido a que mueven muchos negocios. La Doce de Boca Juniors es una marca registrada para vender productos. Pero sobretodo, están metidos en política, tanto en la oposición como en el gobierno, según interese. Mauricio Macri dirigió Boca durante doce años y él se benefició de estos grupos en su carrera política. Sin el poder que da el fútbol, alguien como él no habría llegado a la alta política. En manifestaciones, marchas o protestas, sea del partido que sean, siempre están las barras bravas a sueldo. A cambio se les permite hacer sus negocios, en el campo de Boca Juniors, por ejemplo, ellos son los aparcacoches y se llevan los beneficios.

Un buen ejemplo de este panorama es la marcha contra el gobierno de Macri que tuvo lugar el año pasado. Hugo Moyano, el sindicalista más importante del país y dirigente del Club Atlético  Independiente, organizó estas protestas, las más duras que el actual gobierno ha sufrido. Efectivamente, entre los manifestantes se encontraba la Barra Brava de su club al completo.

En Argentina casi todos los políticos y sindicalistas relevantes tienen influencia sobre un club de fútbol. Es su forma de tener fieles incondicionales, fama y control sobre Barras Bravas, que tienen una participación en política tan decisiva que es normal verles en campaña electoral repartiendo casa por casa la publicidad del candidato que los contrata.

Esta instrumentalización política del fútbol ha dado lugar a un fenómeno descontrolado: las poderosas y temibles Barras Bravas que cada semana convierten los estadios en campos de batalla y la vida de futbolistas y dirigentes en un infierno. Esto también provoca que las elecciones a la Federación Argentina de Fútbol, una de las más corruptas del mundo, sean un duelo entre gobierno y oposición, pues cada cual presenta sus candidatos con el objetivo de tener un control casi total del balompié. Por eso no extraña que cada partido político tenga una idea distinta del rumbo que debe tomar el fútbol: Kirchner nacionalizó las retransmisiones, mientras que Macri quiere formar una nueva liga sin intervención estatal para dejar sin poder a la AFA.

Darío Felman, ex jugador de Boca Juniors y del Valencia es uno de los profesionales que ha sufrido presiones de las Barras Bravas: “El Valencia estuvo el año pasado 14 partidos sin ganar. Pues si eso me hubiera ocurrido en Boca, ten claro que habrían venido los ultras a la puerta de mi casa a darme una buena apretada. Yo he visto entrenadores y jugadores que se han tenido que marchar del club porque no eran del agrado de estos grupos”.

En Argentina las barras de los equipos grandes generan un tremendo negocio. Cada partido mueve al menos un millón de pesos ,con los aparcamientos, la reventa, la comida, el merchandising. Y después tienen negocios fuera, de todo tipo. Son organizaciones delictivas. El problema es que la política y los sindicatos los usan en su lucha política. Y los dirigentes de los clubes también. Por eso nadie logra resolver este entuerto.

El politólogo Diego Vázquez, investigador de la Universidad de Valencia, considera que estos grupos surgen por la ausencia de Estado, de la misma manera que la mafia en Italia: “En primer lugar hay que tener en cuenta que para que afloren organizaciones delictivas de esta manera es necesaria una sociedad de corrupción. A partir de ahí, el fútbol es una actividad que levanta pasiones y tiene un gran poder de cohesión porque estimula el sentimiento de pertenencia, algo muy parecido a lo que buscan generar los políticos, por eso hay esa unión. Además, si dominas el fútbol tienes control sobre lo que muchos en Argentina consideran lo más importante en la vida. Esto pasa en clubs de todo el mundo, es casi imposible que el presidente de un club obtenga beneficio económico con su gestión, pero lo utilizan como plataforma de influencia para sus negocios o intereses políticos, por eso los clubs europeos están siendo comprados masivamente por fortunas chinas o jeques árabes del petróleo”

Esta permisividad por parte del Gobierno les ha dado un poder descontrolado en los clubs. Quitan y ponen presidentes, entrenadores, increpan a los futbolistas y les están robando el fútbol a los aficionados, que ya no pueden ir al estadio con seguridad, deben de pagar a las barras para aparcar su coche y se arriesgan a ser agredidos sin motivo ninguno. Hace cinco años visitó Argentina la comisión especialista en violencia que había ayudado al gobierno inglés a acabar con el problema de los hooligans. Su veredicto fue tajante: Con esta estrecha relación con la política, jamás se podrá acabar con las Barras Bravas.

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