El peregrinar de María hasta Bogotá

Con un replicar de campanas, muy en punto a las 3:30 de la mañana, las puertas del Santuario Mariano Nacional se abrieron para dar inicio al acto religioso que despediría el lienzo renovado de nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. A una sola voz se escuchaba el rezo del Santo Rosario, apertura al homenaje de despedida de la Reina y Patrona de Colombia, pues sin importar el frío de la madrugada los asistentes cumplieron la cita con la madre del cielo. Cada “Dios te salve María” era proclamado con el fervor más sublime y cariñoso, donde cada feligrés expresaba sus sentimientos de hijos hacia la Virgen Madre.

Mientras finalizaba el rezo del Rosario, a eso de las 4:30 de la mañana, cada uno de los frailes dominicos iba acomodándose alrededor del altar para iniciar el descenso de lienzo milagroso, entre ellos Fray Duberney Rodas, maestro de los frailes novicios, quién a espaldas del lienzo, arrodillado y en profunda oración, se disponía para ser el primero en llegar hasta el camerín, pues tenía la responsabilidad de sacar del marco principal la imagen Renovada de Nuestra Señora.

Entre aplausos, lágrimas y cantos a la Santísima Virgen fue descendiendo de su trono pasando por las manos de sus guardianes hasta llegar a la urna de vidrío, su nuevo aposento hasta el 9 de septiembre, día en que retornará a Chiquinquirá.

Ella estaba lista, sabía que se iba de viaje, por esta razón bajó sin ningún inconveniente para estar a nivel de sus hijos.

“La Virgen de Chiquinquirá se va, pero queda en nuestros corazones”, fueron las palabras de Monseñor Luis Felipe Sánchez Aponte, obispo de la diócesis de Chiquinquirá, quién es su homilía trato de consolar al pueblo chiquinquireño.

Finalizada la eucaristía de despedida, los Servidores de la Virgen, fraternidad de hombres vestidos de azul consagrados al servicio de Nuestra Señora del Rosario, toman la urna del lienzo en sus hombros para llevarlo en procesión hasta el estadio municipal donde lo estaría esperando el helicóptero MI171 de fabricación rusa para transportarlo hacia Bogotá.

Comienza la procesión, las calles de la ciudad mariana se inundan del fervor de los feligreses y peregrinos. Era un mar de personas esperando a que el lienzo pasara para despedirlo.

Nuevamente, como en sus anteriores nueve salidas, las personas demostraron su afecto y cariño atiburrando las calles y gritando un ¡viva! a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá. Luego del último de los homenajes en el estadio municipal, en un pequeño hangar, los frailes dominicos empacaron “la entrega de amor” que harían al Papa Francisco.

Una vez en su riguroso empaque, en una pequeña procesión de unos tres metros, fue embarcada y lista para su viaje. “Aquí te esperamos madre”, gritaba la gente mientras el piloto, Carlos Zambrano, despegaba el helicóptero.

Todos miraban a cielo mientras veían cómo la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, se alejaba para ir a cumplir un compromiso importante y aunque quedó la nostalgia, el pueblo chiquinquireño sabe que regresará.

Cobertura por Patricia Estupiñan