LUZ PARA EL MUNDO

Carmen trabaja todo el día para alimentar y educar a sus hijos. Participa en su comunidad cristiana, la Parroquia. Un pobre ha tocado a la puerta de su casa. Los niños lloran de hambre y con gran generosidad sienta al pobre a su mesa, comparte el pan. Todo lo hace con una alegría desbordante. Ella ha hecho realidad las palabras del profeta Isaías: “cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía” (Is. 58,10).

Mt 5,13-16 Jesús nos enseña a sus discípulos: “Ustedes son sal y luz del mundo” (vv. 13-14). Estamos llamados a dar sabor a nuestra misión, buscar el amor y la vida con los demás. Hay una gran felicidad cuando uno comprende su misión y descubre que Jesús es Luz frente a un mundo de “iluminados” que se creen dueños de la vida y manipulan al ser humano según sus intereses egoístas.

“Yo soy la luz del mundo, quien me siga no caminará en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12). Nuestro mundo, necesita testimonios concretos de generosidad, devolver la dignidad al ser humano, trabajar por una educación que concientice y libere a la persona, que comprenda y decida bien, cuando se trate de elegir, teniendo en cuenta el bien común.

Una mujer de 60 años, decía: “desde que estoy en el programa de educación tengo ganas de vivir”. He descubierto la luz para ayudar a los demás. Cuando veo  la sonrisa de los jóvenes  que aprenden a valorarse y sacar del anonimato a los drogadictos, los que trabajan en la promoción y conocimiento de los derechos de la persona, los que entregan su vida en las misiones inhóspitas de la selva, están caminando como Jesús para sacar de las tinieblas de la ignorancia, protegiendo la salud y la vida de las personas.

Necesitamos ser una Iglesia en salida que anuncie a Jesús, porque “En Él estaba la vida y  la vida es la luz que ilumina a los hombres” (Jn 1,4). Nuestros pueblos no necesitan discursos, llenos de soberbia. Necesitan un mensaje coherente con el ejemplo y testimonio de vida. No predicadores de desgracias o de cuentos, como nos enseña el apóstol Pablo, personas que vivamos con sinceridad el mensaje de Jesucristo, no predicándonos a nosotros mismos, “sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Cor 2,2). El Papa Francisco nos enseña: “No a la acedia egoísta. Cuando más necesitamos un dinamismo misionero que lleve sal y luz al mundo, muchos laicos sienten el temor de que alguien les invite a realizar alguna tarea apostólica, y tratan de escapar de cualquier compromiso que les pueda quitar su tiempo libre. Hoy se ha vuelto muy difícil, por ejemplo, conseguir catequistas capacitados para las parroquias y que perseveren en la tarea durante varios años. Pero algo semejante sucede con los sacerdotes, que cuidan con obsesión su tiempo personal. Esto frecuentemente se debe a que las personas necesitan imperiosamente preservar sus espacios de autonomía, como si una tarea evangelizadora fuera un veneno peligroso y no una alegre respuesta al amor de Dios que nos convoca a la misión y nos vuelve plenos y fecundos. Algunos se resisten a probar hasta el fondo el gusto de la misión y quedan sumidos en una acedia paralizante (E.G. 81).

Nuestra misión: ser luz y fuerza del Evangelio de la vida. Vivir en serio la fe en Cristo,  una muestra “del poder del Espíritu de Dios” que actúa en nuestra historia y en la vida cotidiana. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

16 total views, 1 views today