Un amargo ''Hasta pronto''

1570399832 685670 1570399998 noticia normal recorte1Tomada de archivo Colprensa

Cuando escucho el nombre de Javier Darío Restrepo solo llegan a mi mente grandes recuerdos de muchos años que, a pesar del tiempo, se mantienen inamovibles en mi memoria. Él era un excelente periodista, sí; uno de los padres del periodismo colombiano y, además, el maestro de la ética periodística en nuestro país. Sus más de 20 libros, y su experiencia por muchos años como escritor avalan su importancia en el establecimiento de esta bella labor en el territorio local e internacional.

Hace poco menos de un año tuve la oportunidad de conocer un poco más de su papel dentro de esta profesión en la que ejerció durante más de 70 años y a la que le entregó hasta el último segundo de vida. Cuando me pregunté acerca de qué personaje quería escoger para realizar mi crónica para una de mis clases, no dudé ni un segundo en homenajear a este hombre que siempre tuvo una mirada optimista sin importar el mundo caótico en el que estamos; y hoy, me convenzo más de tener la mejor elección, pues después de hablar con Javier, me motivé mucho más a desempeñar bien mi labor, y más si esta está arraigada a la pasión por lo que hacemos.

Crónica a Javier Darío Restrepo

La dedicación es además una de las palabras que él más resaltó aquel día cuando conversamos; la dedicación en las tareas que resolvamos, pero también la dedicación a vivir la vida en su esplendor a cada momento. Esto último es quizás lo que yo más pude admirar de Javier en el tiempo que compartí con él, pues fue un gran padre, pero, sobre todo, un excelente abuelo. Su nieto Emilio es uno de mis mejores amigos, y juntos hemos compartido muchos momentos, algunos de ellos en casa de Restrepo, quien siempre nos recibía con una sonrisa acompañada de una historia o una anécdota que nos sembraba la curiosidad de conocer e investigar sobre algún tema.

Así era él, un hombre no con uno sino con dos corazones, pues su amor por el periodismo era igual de grande que el amor por su familia, eso era lo que él transmitía cada vez que yo visitaba su casa. Alegría, amor, conocimiento, tranquilidad y un espíritu aventurero son las palabras que mejor pueden describir y resumir los 87 años de vida de este periodista que hace algunas horas dijo “hasta pronto”, pues estoy segura de que ni la muerte podrá detener a este hombre que día a día luchó por una mejor sociedad. 

Por: María Alejandra Velásquez Olarte