La radio desde las regiones: una reflexión sobre la práctica comunicativa

En Escenario nos hemos enamorado de la radio y todo lo que se sumerge en ella. Encontramos en esta práctica periodística una alternativa para mostrar nuestras rutinas, las prácticas de los otros y las diferentes problemáticas sociales que se engendran en nuestra sociedad. Y amamos tanto la radio que procuramos que nuestros contenidos siempre sean pulidos, perfectos y con la menor cantidad de errores. Hoy me doy cuenta que ese síndrome narciso puede llevarnos a un error garrafal en el momento de hablar por los micrófonos. Ese amor a lo que hacemos no puede conducirnos a negar otras maneras de hacer radio, no podemos dejar de lado el aprendizaje que surge de los errores y nos convertimos así puros contradictores de nuestros postulados.

En el marco de la Semana de la Comunicación, Komunik versión 2014-II, nos hemos permitido compartir con los promotores de diferentes proyectos radiales de las zonas rurales del país. Escenario Radio se ha acercado a las zonas apartadas del país. Como equipo de trabajo no olvidamos que las formas de hacer radio son infinitas, no caímos en la negación del otro y nos permitimos compartir con nuestros hermanos, impulsores de la radio comunitaria. A las instalaciones de la radio de la Universidad Santo Tomás, llegaron emisarios del pueblo, el campesinado y las significativas comunidades indígenas.

Partes maravillosas del Valle del Cauca, Putumayo, Bolívar y Caquetá no solo se tomaron el Aula Magna Fray Domingo de las Casas, sino que arrebataron el privilegiado derecho de los medios masivos a reproducir información e hicieron valer un deber fundamental del Estado: promover una democratización de la práctica mediática. Y es que esa democratización de los medios es el punto de partida para generar verdaderos procesos de comunicación, realmente incluyentes y defensores de la diferencia.

El valor de Waira -defensora y promotora de la tradición indígena- para realizar radio contra todos los obstáculos que le ponen al frente los actores del conflicto, es comparable con el carisma de Josue –forastero que llegó a la capital en busca de mejores condiciones de vida- para componer y cantar sus canciones con todo el sentimiento vallenato, o con el coraje de Livernan para comunicar los relatos sobre las dificultades que tienen él y su comunidad para llevar a cabo sus labores contra las amenazas de grupos paramilitares y agentes estatales. Y no podemos dejar de lado a Carlos, un campesino que se empodera del amor a la radio y expresa con pasión y sentimiento la labor de su comunidad para fortalecer este proceso.

Buena marca nos ha dejado hasta el día de hoy esta semana para los comunicadores. No caímos en el error de negar al otro y validamos las infinitas maneras de hacer radio. Y lo más importante, hemos aprendido a reforzar el amor que tenemos por la radio, nos inspiramos en cada una de las experiencias de la radio hecha en las regiones, para fortalecernos académica y personalmente.

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